Rinconcito de pensar entre otros millones de internet. Suele ser cursi, pero hay otras cosas. Vale la pena. ;)
miércoles, 28 de septiembre de 2016
La mala suerte.
Iba repleta de anillos para repeler al mal de ojo, a la mala suerte, a los espíritus... pues era así como la habían educado. No se daba cuenta de que así repelía a cualquier estúpido que la quisiese solo por su físico o a cualquier materialista que le importase la opinión de los demás. Pero yo... yo me acerqué a ella y cada día le repetía que no había (ni hay) nada que temer. Y a ella, que al principio se creía que yo era un demonio mandado para hacerle pecar, se le fueron cayendo los anillos. Uno a uno, como gotas de rocío, desaparecían sus miedos, sus anillos y cuando no quedó ninguno le coloqué el mío (el nuestro) en su anular... y jamás anulamos nada que conllevara a estar juntos, pues la única mala suerte en la que creíamos ambos era en el tiempo y el espacio que pasábamos separados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario