Le quiero. Lo sé desde el minuto cero. Le vi por primera vez pasando a mi lado por el largo pasillo y cuando estuvo a centímetros de mí, caminando hacia su destino, me recorrió un escalofrío que me hizo irradiar calor, como si navegase magma entre mis venas.
Me golpeó con su mazo cupido.
Y no sé qué es lo que hacemos mal o lo que no hacemos directamente, mas le veo y ya me sale la sonrisa sola, se me endulzan los ojos, se visten de rosa mis mejillas.... Sonríe y mi boca dibuja una sonrisa aún más amplia, casi infinita. Me vuelvo incierta.
Simplemente observarle ya me llena de inspiración, las letras se escriben sin ayuda, las páginas se llenan solas.
Pero hay algo, los pequeños detalles como que venga y me bese en la frente, que me pellizque la nariz, que me acaricie la mejilla, que derrita mis ojos con la ternura de los suyos... Detalles que escasean o que ni llegan.
Y a veces rabio por dentro, se me quiebra la mente y la recompongo con ilusiones, se me empequeñece el corazón y la niña que hay dentro de éste llora, en vano porque sus gritos son acallados por su mudez.
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