Has de ser vulnerable.
No le tengas miedo a las personas, no hay nada que temer.
Vemos en los demás aquello que nosotros mismos poseemos... Donde se posen tus ojos, donde estos descansen, hallarás.
Si caminamos con miedo por la vida, todo a nuestro alrededor parecerán ser amenazas. Situaciones, personas que nos podrían herir.
Tú sabes que en tu corazón hay bondad, ¿por qué en el de la otra persona no debería de haberla? ¿A caso por ser ellas más transparentes con lo que sienten, son malvadas?
Debemos acercarnos a las personas con el corazón en la mano, sabiendo que al tener este tan a la vista y desprotegido podría ser apuñalado... O podría ser besado, acariciado, abrazado y defendido.
No somos más que un reflejo del prójimo, somos proyecciones sobre proyecciones. Somos espejos y espejismos de lo que somos y querríamos ser, constantemente, unos de otros.
¿Qué he de hacer para que entiendas que para poder exigir respeto no has de respetar? Sinó que por respetar se te otorgará respeto infinito. Has de dar sin esperar nada a cambio y es entonces cuando vendrá como una oleada, abrumadora, abundante.
No es valía ni compañía ni mucho menos comprensión lo que encuentras en los demás, es a ti. A ti te encuentras en ellos. En su amor descubres el tuyo. En su compasión encuentras la tuya. A través de sus ojos ves el mundo y te ves a ti, igual hacen los demás contigo.
Es de suma importancia que entendamos que debemos no necesitar a los demás para poder ofrecernos a nosotras mismas un lugar en el mundo, pero para que ese lugar en el mundo tenga sentido has de compartir y vivir con los otros,
de nuevo,
con el corazón a vista de todo el mundo.
Solo sintiendo todo (y a todos) vulnerables es donde hallaremos la verdadera fortaleza.
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