martes, 5 de julio de 2016

Tengo una historia.

   Mi nombre es Lidia. Desde que dejé de ser introvertida, dejé de seguir a las masas, empecé a gustarme más de lo que le gustaba a los demás, empecé a pensar por mí misma y no agradar a los demás... empecé a escribir mi nombre como Lydia. Quizás para vosotros no es nada asombroso ni interesante, pero para mí marcó un antes y un después.
   Yo era tímida, temblaba ante la idea de salir frente a un público y hablar, me importaba la opinión de los demás más que la mía propia, daba demasiada importancia a lo que los demás pensaban de mí a pesar de que ni me conocían. He tenido amistades tóxicas que me hacían ver la amistad como algo malo y costoso. Cuando llegué al instituto iba atrasada a los demás en el tema de tener amigos y de como comportarse con ellos, pues nunca había tenido más de una amiga.
   Todo esto empezó en el colegio. No, no me hacían bullying, simplemente decidían entre ellos que no era merecedora de su compañía y se alejaban de mí. Voy a planteártelo de esta forma: seguro que has tenido un compañero o una compañera en clase que ha sido o es marginado. Nadie jugaba con él/ella, ni siquiera tú. Nadie habla con él/ella y si lo hacen solo es para gastarle alguna broma o porque no tienen a nadie más con quien hablar. Pero llega un día en el que esa persona hace un amigo, alguien como él, alguien a quien no aceptáis del todo. Pues bien, esa era yo.
   Llegué al instituto con miedo, aún recuerdo abrazarme al pilar y esperar con ansias a que sonara el timbre mientras todos los conocidos o amigos se agrupaban, mientras yo pensaba si ellos serían como los de mi colegio. Pronto descubrí lo que era tener una amistad, claro, después de la amistad tóxica que tuve, esa no cuenta. Me di cuenta de que tener un amigo es genial y que puedes ser tú mismo sin que te miren mal, que quien tiene un amigo, tiene un tesoro.
   Bien, hola. Me llamo Lydia, soy la misma solo que con cuatro años más. Soy extrovertida, payasa, bastante atrevida, honesta y he aprendido a quererme y respetarme antes que nadie, a que mi opinión sea la primera en mi cabeza, pero también respetar las opiniones de los demás y verlo todo desde su punto de vista para ver qué les ha llevado a pensar eso y la comparo con mi opinión. La verdad es que todavía no ha habido un día en la que piense lo mismo durante 24 horas sobre un tema trivial. Pero también me he dado cuenta de que no es necesario tener amigos, los amigos van y vuelven. Los conoces en clase, en una quedada, en la universidad, en el trabajo, o incluso en Internet.
   Esta es mi pequeña y no muy detallada historia. Fui una niña que solo quería dar amor y ser comprendida, tener buenos amigos, pasármelo bien. Soy una adolescente que comprende perfectamente sus problemas exteriores y sabe cómo solucionarlos, alguien que solo busca culturizarse y hacer lo que le gusta, conocer a gente no solo para pasárselo bien, sino también para aprender de otras personas y ver la vida desde varios puntos de vista, cuantos más puntos de vista distintos, mejor. Hoy en día solo quiero aprender.
   Ah, por cierto. Las personas me verán como alguien frívola, un poco hueca, fría y un tanto cruel, pero solo aquellos que se asomen para ver lo que hay tras ese velo descubrirán quién y cómo soy.

Gracias por leerme.
P.D.: Hay profesores que me han hecho ver cosas obvias que no veía, gracias por guiarme y enseñarme, espero encontrar más como vosotros allá a donde vaya.

1 comentario:

  1. Los amigos son geniales y creo que todo el mundo tiene ese momento donde se muestra tal y como es :)

    ResponderEliminar