miércoles, 30 de noviembre de 2016

No existe la (im)perfección.

   La miraba y no podía creerme que yo, un simple chico: callado, serio, no dado a eso que llaman "amor" fuese a encontrarlo justo donde menos me lo esperaba. Delante de mi nariz. Y digo de mi nariz porque allí estaba ella, pegada a mi nariz junto con la suya, retándome.
   La miraba y aún no daba crédito a esta sensación que me embriagaba por dentro, ese "quiero y no puedo". Ese "ojalá, pero seguro que todo sale mal". Ese miedo.
   Y aún así ahí seguía yo, sonriendo ante la idea de poder tener una oportunidad de tenerla. Era tan perfectamente imperfecta. Sí, ahí me di cuenta de que la perfección que nos han marcado no existe, que no tiene unas piernas ultra finas ni una talla 100 C. Que no suele vestir femenina pero que cundo lo hace sería capaz de seducir a cualquiera. Que sus labios parecen dibujados, ni empiezan ni acaban y su sonrisa es tan... no perfecta. ¿Y por que la llamo, a ella entera, "no perfecta"? Porque me demostró que la perfección no existe en el momento que su cara no era completamente simétrica, ninguna cara lo es; cuando me demostró que todos los brazos y piernas son, de forma casi no visible, más largos que su pareja; cuando me mostró que las sonrisas se pueden ir de lado y de que nadie sale verdaderamente bien en las fotos.
   ¡Pero tampoco existe la imperfección! Porque ella se ríe y arregla una brecha en mi corazón roto, porque ella me abraza y recoge mis pedazos de un apretón, porque ella se preocupa por mí y me hace sentir especial, porque me cuida como si al día siguiente le fuese a faltar... Porque, a pesar de todas esas llamadas "imperfecciones", me siento feliz a su lado, porque no es solo por cómo me hace sentir sino también por como es ella en sí. Cuando se enfada, cuando llora (ya sea de risa o de tristeza), cuando desafina al cantar, cuando clava en algo su mirada perdida, cuando duerme y yo repaso sus curvas con mi dedo índice, pensando que somos eternos.
   Y qué costumbre la de los humanos, vivir como si no fuésemos a morir nunca y no disfrutar al máximo de lo que tenemos. Por eso ella no es perfecta ni imperfecta, porque dentro de sus "fallos" realmente no existe alguno y dentro de sus "aciertos" todo son fallos.
   Bueno, aquí sigo yo, admirándola a lo lejos mientras pienso en lo abstractos que nos hemos vuelto en un momento.